martes, 14 de diciembre de 2010

Capítulo 38 - Donación

Desvaríos:

No veo diferencia entre la palabra donar y la palabra regalar.

Supongo que algunas palabras tienen más valor que otras, quedan mejor, de ahí la importancia de tener un rico vocabulario.

He estado leyendo un libro de un “depresivo”. Es de ese tipo de gente que se reconoce -supongo que de forma errónea- que la gente estaría mejor sin su existencia. Incluso que el mundo estaría mejor.

Nadie le lloraría o le echaría de menos. Si en vida fue así, en muerte, u otro tipo de ausencia, seria igual.

Vives en un país y te marchas a otro, seguramente pensando que dejas cosas atrás, pero esas cosas no te echarán en falta.

Últimamente no me ha ido mal de todo, intentando focalizar la psicosis. Aunque a veces tengo algún sobresalto.

Afilo como buenamente puedo la perspicacia. Pienso…

Si mañana muero. Si mañana me voy a otro país. Si mañana desaparezco.

Claro que habría pena en muchos corazones. Llantos si muero, y añoranza si me voy.

Me duele que tenga que pasar para saberlo… ¡Joder! ¡Estoy aquí, estoy vivo, cerca de vosotros! No existo para los que debería existir. Lo siento en el alma, pero de poco me vale que me lloréis cuando no esté, si ni recordáis mis apellidos cuando estoy.

Necesito que alguien me done atención.

Capítulo 38º

Tengo 28 años. ¿Por qué voy a donar esperma? ¿Por qué a esta edad?

En algunas clínicas se permite donar semen hasta los 50 años. A la que voy a ir yo, sólo hasta los 35. De 18 a 35 años.

Estoy más cerca de la edad límite, que de la edad inicial. No es mal momento.

1º día de abstinencia:

No escribí, no leí, ni ví ninguna película. Aun así, se me pasó el día volando. Sin pena ni gloria.

2º día de abstinencia:

Creo que a la mayoría de los hombres nos pasa. Levantarnos por las mañanas con la tienda de campaña puesta.

El resto del día. Sin pena ni gloria.

3º día de abstinencia:

Que pase rápido por favor.

Son las 02:34 de la madrugada. Tengo cita a las 11:00 de la mañana. El autobús pasa cada hora, a las en punto. Tengo que coger el de las 10, ya haré tiempo tomándome un descafeinado en alguna cafetería cercana. Despertador puesto para las 09:30.

Tengo coche, pero está parado en el garaje ya que estoy en paro. No tiene seguro.

Me acuesto. Anoto el número de teléfono de la clínica en un papel y lo guardo en la cartera, por si acaso.

Día de donación: (saliendo de casa)

Pi pi pi pi… pi pi pi pi… pi pi pi pi.... ¿Todos los despertadores suenan igual? Nunca tuve uno que no sonase pi pi pi pi. Me incorporo en cama, agarro el despertado y lo veo… son exactamente las 10:45…

¿Qué ha pasado? ¡No! ¡No hay tiempo! Voy a buscarle el lado positivo a ser una persona nerviosa.

Levantarse de la cama, ponerse las pantuflas, ir al cuarto de baño, desvestirse, ducha con agua fría ya que bajar a encender el calentador llevaría un tiempo valioso, secarse, ponerse la toalla como un espartano, echarse desodorante, volver a la habitación, abrir armario, calcetines, gallumbos, pantalones, camiseta, jersey, gorro de lana, volver al baño, ponerse lentillas, volver a la habitación, ponerse las deportivas, coger cartera, guardarla en pantalón, coger chaqueta, ponérmela, bajar escalera, llamar por teléfono para pedir un taxi.

Tiempo estimado: 15 minutos

Tiempo empleado: 5 minutos 20 segundos.

Llamo al taxi y salgo acelerado. Viene, me recoge, le digo a plaza de España, vamos, semáforos, semáforos en rojo para ser exactos, le digo que es aquí, le pago, me bajo, y me doy cuenta de algo.

No se donde esta la clínica.

La busco sin encontrarla y entro a una cafetería. No me admite más de dos monedas, tengo que meter 1 euro, veo el papel de mi cartera, me indican donde está el lugar, y el teléfono no me da ningún cambio…

Voy a donde me han indicado y allí veo la clínica.

Día de donación: (en la clínica)

Entro y 14 ojos se posan en mí. Me acerco al mostrador de recepción.

- Buenos días, disculpe tenia cita a las 11:00 – dije con la voz entrecortada-.

- Si claro, dime tu nombre, tienes que firmar unos papeles y ahora mismo viene la enfermera.

Después de firmar, me siento y veo el reloj que había en la pared de enfrente, justo detrás de las 2 recepcionistas.

Son exactamente las 10:58.

Viene la enfermera y me pide que la siga. Me ingresa a un cuarto muy parecido al de cualquier centro de salud. Me pregunta sobre mi historial medico, enfermedades que haya tenido, y enfermedades que haya tenido mi madre y mi padre. Si fumo, si hago deporte, si bebo, si me he drogado.

Me pregunta la razón por la que voy a donar esperma. Le dije la verdad, que no es por el dinero, no es por ayudar a una pobre pareja que no pueda tener hijos. Le dije que por vicisitudes de la vida, quizá no llegue a tener hijos, y que me gustaría al menos tener una esperanza de que alguien esté en este mundo gracias a mí.

Me informó de algunas cosillas. Me haría pasar a un cuarto donde haría la donación, esa muestra se analizaría con un espermograma, y luego a hacer pruebas de congelación y descongelación. Después de eso, análisis de sangre y controles médicos. Que todo el proceso dura entre 20 días o 30 días. Que después de eso, si paso todas las pruebas puedo ser donante. Me pagaran 40 euros por donación, pero es de carácter retroactivo, se me pagara la primera donación cuando realice la segunda, así sucesivamente.

- ¿20 días? ¿Tengo que esperar 20 días para saber si el semen es valido no?

- No, no. Te llamamos el martes y te lo decimos, esas pruebas se hacen antes, 20 días es todo el proceso.

- Vale, es decir, que el martes ya se si soy valido, aunque luego queden otro tipo de pruebas ¿no?

- Si, así es. El martes te llamamos, o nos llamas tú. De todas formas decirte, que quizás no puedas donar porque tu semen no pase las pruebas de descongelación y descongelación, ya que son muy duras. Existe esperma que es de muy alta calidad pero poca resistencia.

Supongo que esto lo diría para no hacerme ilusiones.

Después de la charla, me acompaña a un cuarto pequeño. Bueno, era realmente pequeño. Un lavabo, una silla, una tele con video, un revistero con revistas.

Me da un bote. Por cierto el bote es más grande de lo que sale en las películas, no voy a quedar demasiado bien. No voy a llegar ni a la mitad.

- Mira, cuando termines, pegas la etiqueta con tu nombre, y llamas al timbre, ya vengo yo a recogértelo. Aquí tienes agua caliente para lavarte las manos – diciendo esto señaló al lavabo-.

- Gracias –que corte de repente-.

De las 4 películas, 3 no se veían. Y la última era una cutre de estas que regalan en la revista “man”, un especial brasileñas. Veo el revistero, pero la imagen de cientos de manos tocando esas revistas no me agradan demasiado. Uso la memoria.

Sólo una cosa, si alguien va a donar semen, una pequeñez sin importancia… ¡Saca el bote del envoltorio y desenrosca la tapa antes de empezar! La imagen que se ve, si no lo haces así, tiene lo mismo de graciosa que de deprimente.

Supongo que todo lo que viene a continuación no es interesante.

-Salto espacio-temporal-

Me dejé algo en el tintero, porque realmente uno se encuentra muy cortado, no estas a gusto del todo.

Termino, cierro tapón, me lavo las manos, las seco, adhiero la pegatina en el bote, toco el timbre.

Cuando la enfermera entra no soy capaz de verla a los ojos, le doy el bote, y me recuerda que llame el martes para preguntar el resultado.

Me acompaña hasta el final del pasillo y se despide.

Cuando paso por recepción, me despido de las recepcionistas.

- Bueno, hasta luego – dije tranquilamente-.

- Chau chulo – me respondió la recepcionista que me había atendido-.

Cuando salí por la puerta, sonreí. Chulo… Siendo la primera vez que voy…

Espero con ansia al martes.

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domingo, 12 de diciembre de 2010

Capítulo 37 - Pelea

Desvaríos:

Hay dos clases de hombres. Los que lloran, y los que lloran a solas.

Llorar no va reñido con la valentía, y ni siquiera con la dureza.

Hace muchos años… En este mismo lugar…

Yo era el típico bufón, el payaso de clase. Cuando preguntó la profesora de ética: ¿Qué es la fe? Yo respondí: Profe, no es por nada, pero la fe es una agencia de seguros.

Lo que más me llenaba, era oír la carcajada de alguien, y que fuera gracias a mí. No me importaba si se reía conmigo, o si se reía de mi, no veía la diferencia.

Pero así no te toman en serio. Recuerdo a mi mejor amigo, que también era el que más se metía conmigo. Cuando no tenia nada que hacer, venia a mi casa a jugar a la nintento, a merendar y a beber refrescos. En el colegio era distinto.

Se juntaba con otros, me llamaban gordo, tejido adiposo o TA, bola de sebo, seboso, cuatro ojos, lupas, bartolo… Odio los putos golpes que se dan en esta casa de mierda.

Los empujones eran constantes, las risas a la hora de hacer gimnasia. En clase había 4 tipos de personas: Los que se metían conmigo, los que les impulsaban a ello, los que les reían la gracia, y los que no les importaba.

Procuré dejar de ser amigo de Daniel, pero era el único que tenía. En 1º de E.G.B. no tenia amigos, en 2º tampoco, en 3º, 4º y 5º me hice amigo de Daniel, y ahora en 6º sigo siendo amigo de él, a pesar de que me hace sentirme mal. Pero es mejor eso a estar solo.

Sabía que otros niños pasaban por eso, pero ¿Qué fuera mi mejor amigo, mi peor enemigo?

Llegó incluso a juntarse con un niño al que llamábamos por su apellido, Pintos. Al estar los dos, quedaban conmigo para pegarme y reírse de mí fuera de la escuela. Así no tenían miedo de que alguien les viera.

Ahora recapitulo a esa tarde en clase de manualidades. Estábamos haciendo una catapulta, y la mía era un desastre, pero funcionaba.

Daniel se acercó a mí, y apoyando las manos en mi pupitre, puso su cara delante de la mía y empezó a insultarme, echarme la lengua, y darme cabezazos.

Fue la primera vez que tuve distorsión de la realidad. Su cabeza se hacia más grande, y su voz me sonaba cada vez más grave. El aula se movía hacia el fondo, pero la imagen de Daniel se acercaba. Empecé a sudar, y me cayó una lágrima. Notaba fuertes palpitaciones. Noté como mi ojo derecho comenzó a latir.

Apreté los dientes muy fuertemente con la boca cerrada y fruncí el ceño. Luego algo que no habría imaginado nunca que yo pudiera hacer.

Puse las manos debajo de la mesa, y de un sopetón la empuje hacia Daniel, haciéndole caer. Estando este en el suelo, camine enfurecido hacia él. Se levantó rápido del suelo y me dio un puñetazo en la mejilla izquierda. Mi cabeza no se movió en absoluto. En ese instante, eche el cráneo hacia atrás cogiendo impulso, y con todas mis fuerzas le di un cabezazo en la frente, le volví a tirar al suelo.

Mientras se levantaba con una cara furiosa, yo comencé a ver que las herramientas que estaban colgadas en las paredes de la clase, comenzaban a brillar, y que mis compañeros desaprecian volviéndose sombras, dejándonos a Daniel y a mi, solos.

Cuando se acercó otra vez a mi, me empujó contra la pared que estaba detrás de mí. Estaba totalmente cubierta de clavos, era para colgar las llaves inglesas y demás. Vino casi corriendo hacia mí, y cuando estaba bastante cerca, levanté mi pierna, y le golpee con el talón en la rodilla. Bajó un segundo la cabeza, y cuando la levanto otra vez le di un puñetazo en su pómulo izquierdo.

Se enfado aún más, se puso a llorar, e intentó empujarme, yo le agarré de los brazos e intercambie posiciones, así conseguí que el quedara contra la pared. Forcejeamos hasta que conseguir cubrir su cara con mi mano derecha. Lentamente iba arrimando su nuca contra la pared, y aproveché para acercarme a su oreja y decirle: Sigue llorando.

Me di cuenta de una cosa. Justo detrás de su nuca había un clavo. Él estaba intentado desprenderse de mí, pero no podía, y aprecié que yo no estaba usando todas mis fuerzas, que si quería podía dejarle clavado contra la pared.

Vertiginosamente quite mi mano de su cara, la puse detrás de su cabeza, y tire hacia mi con prisa, tanto que le volví a tirar al suelo.

- Daniel, déjalo, te puede.

Escuchando esto de su amigo Pintos, Daniel salió de clase.

No me volvió a ver a los ojos, y menos a decirme una palabra. Los más mayores me prestaban atención, algo que nunca había ocurrido. Me daban directrices de cómo pelear, pero yo no prestaba atención. Había perdido un amigo.

Nadie se volvió a meter conmigo, hasta que cambie de colegio claro.

Por culpa de la escoliosis, tuve que empezar en natación, y luego en el gimnasio, sobre todo por la maquina de remo, que es muy buena para la espalda, según me decían. Adelgacé un poco.

Normalmente tengo trabajos relacionados con el esfuerzo físico. Y suelo sudar mucho, dependiendo de la dureza de este. Las gafas se me resbalan. Me compré lentillas.

Pero sigo siendo el niño gordo bufón. Y sigo prefiriendo los golpes y la vejación, a la soledad.

Capítulo 37º

Viernes:

Tengo una infección en el dedo. El dedo corazón de la mano izquierda, justo en la uña. Tiene un pequeño punto blanco. Clavo un alfiler, para sacar el pus y hacer una cura improvisada, con algodón y agua oxigenada.

1º llamada:

- ¡Ey! ¡Buenas! Mira llamaba porque cuando te digo de quedar, siempre me dices que si, que te pegue un toque.

- ¡Ah! Pues este fin de semana me viene mal, si eso el martes –respondió-.

- Vale…

2º llamada:

- Buenas ¿Esta Carmen?

- ¿Carmen? Pues no, no está –respondieron-.

- Gracias, muy amable.

Me parecía raro, me tiene dicho que hace meses que ni sale de casa porque está en paro, y que tiene mucho tiempo libre. Bueno ya la llamaré mañana o al día siguiente.

Sábado:

He hecho 3 veces café, y 3 veces se me derramó la leche. Odio el puto descafeinado.

Domingo:

Llamé otra vez a Carmen, pero al 6º tono me colgó, supongo que pensará que soy un pesado. Estuve esperando a ver si llamaba ella, tremendo error.

Luego llamé a otra persona. Al 5º tono me colgó.

Mientras colgaba el teléfono, levanté la vista y me ví en el espejo. La persona reflejada allí abrió mucho los ojos y me dijo: Si lo que más valoras es el contacto humano, y lo que más odias y temes, es la soledad… Creo que algo estarás haciendo mal.

Mientras decía eso me dio tiempo a parpadear 2 veces, al concluir su frase parpadee una tercera vez, y volví a verme a mi mismo. Empecé a llorar como un niño, subí a mi habitación y me tumbe en cama.

- Yo siempre voy contigo, aunque no siempre puedas verme. Cuando realmente estás triste, aparezco y limpio tu alma, cuando realmente eres feliz, estoy ahí para compartirlo contigo. Sin embargo nadie quiere verme. Si piensan en mi, prefieren a mi hermana, la sonrisa.

Fdo. La lágrima.

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sábado, 11 de diciembre de 2010

Capítulo 36 - Mortis

Desvaríos:

Otra visita inesperada:

Me molestan los tremendos ruidos que se escuchan en mi casa. Persianas cerradas con rabia, golpes de ollas y cacerolas, y no entiendo porque para decir algo a alguien, se usa el grito, pudiendo sustituirlo por un breve paseo para no levantar la voz.

Suelo estar escuchando violonchelos, y de sopetón un golpe. Siempre pauso la canción y escucho a ver que pasa. Nunca es nada. Pero hoy si es algo.

De pie, delante de mí, se cernía, esa estampa. Manto negro mate, un negro que atrapaba, un negro que consumía la apetencia. El único brillo en esa insólita imagen, era el que se veía en el filo de la guadaña.

- Bueno, pues… heme aquí.

- Hete hete – contesté raudo y asustado-. A ver si lo adivino. Estoy jugando a algún videojuego y tú eres el “game over”.

- Pues va a ser que no – me dijo-.

- Bueno… lo imaginaba… ¿Es por el corazón?

Entonces consultó su lista mientras se rascaba la cabeza.

- Pone urgente, pero en razón no especifica nada, no sé. Eso es cosa de la administración.

- Ya pero podías revisarla. ¡Oye! ¿Y no estará mal el nombre? Si no te importa podías verificarlo ¿No?

- Pero vamos a ver alma de cántaro ¿Que voy a verificar? Siempre hay algún listillo que dice este tipo de cosas para escaquearse. Además… ¿Sabes el tiempo perdido, esfuerzo de personal, y quebraderos de cabeza, llevaría, el poder revisarlo todo otra vez?

- Igual se ha traspapelado algo, no lo sé. Consúltalo en la administración – le solté sin tapujo-.

- A ver, se como hacer mi trabajo. Y paso de lidiar con chupatintas sin necesidad.

- Tengo dos preguntas por favor.

- A ver, termina – expiró agobiado-.

- ¿La SGAE es el anticristo, verdad?

- ….. Si, venga vamos.

- La otra. Tú terminas la vida de alguien solo tocándole con los huesos de lo que seria tu dedo índice ¿No?

- Si.

- ¿Y para que llevas guadaña? – pregunté-.

- Es que es de atrezzo.

- Lo suponía.

- ¿Sabes? Ese es tu puto problema. Tu error. Te ríes de las cosas importantes, y con las insignificancias te derrumbas y creas distopías que no existen.

- ¿Solo un error? Vaya….

- ¡Venga! Pasa para el limbo – exclamó alterado-.

- Pero… ¿eso no es donde van los niños?

- Con la mentalidad que tienes ¿Dónde pensabas ir?

- No sé – respondí con indiferencia-.

- Además hay 2 limbos, el de los patriarcas y el de los niños. Pero era una broma, no vas a ir al limbo.

- Bueno pues vamos.

- ¿No quieres saber a donde vas a ir?

- No, la verdad es que no.

- Bueno, pues ya nos veremos.

- ¿No me llevas contigo?

- No, hoy no. Y si me haces el favor, fuma menos que quiero tardar en volver, eres insoportable.

Hacia días que no hablaba con nadie. La verdad que me alegró mucho tener una visita.

La vida es como un videojuego que estamos condenados a perder. Pero al menos procura acabar con una buena puntuación.

Capítulo 36º

Tumbado en cama:

La última visita que tuve me hizo darme cuenta de algo. Estoy empeorando.

Tiene que haber un punto intermedio. Ya tengo estado en ese punto, y se realzan características, se agudiza el ingenio, la percepción, y se focaliza la intuición.

El cambio de pasar, de queroseno a parafina, me ha gustado. Huele muy fuerte, pero es un olor que me encanta, como el de la gasolina o el olor a quemado. Hasta un punto claro.

Comprando en el quiosco:

En cuanto entro por la puerta ya aparece la diana en la cara de la dependienta y comienzan a saltar cuadros de texto. Por eso cierro fuertemente mis ojos mientras doy un último paso.

- ¿Estás bien? – Consultó preocupada-.

- Si si, es solo… una migraña.

Escuché que movió los pies no se de que forma, y se puso a ordenar algunas revistas.

Cuando abrí los ojos la diana estaba casi transparente, el tono verdoso que solía tener era ahora inapreciable. El número de anotaciones había disminuido.

- Me llevo el periódico y este par de revistas, toma.

- Gracias, que tengas un buen día.

Que tengas un buen día… Cuando decimos eso… ¿Nos importa realmente?

Odio las putas coletillas y las frases hechas.

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